Hace un rato estaba yo delante de mi ordenador poniendo esta cara,  y todo gracias a que los franceses han tenido la magnífica idea de digitalizar y colgar sus archivos parroquiales y de “l’etat civil” en Internet. Y por eso hoy puedo anunciar que he localizado a unos onceavos abuelos que vivieron en la Francia de Richelieu, Luis XIII y los mosqueteros y que estoy más contenta que unas pascuas.

La verdad es que la ventaja de tener todo localizable online tiene la contrapartida de que la excusa para viajar desaparece (¿o no?), pero en este caso ya da igual, porque yo ya estuve allí, en Oloron, hace ya tres años, buscando la esencia de mis antepasados, que ya tenía fichados a través de los libros españoles (solo me faltaba encontrarles en su lugar de origen).

Y es que si estas haciendo tu árbol genealógico y más si eres de Aragón, Navarra o Cataluña, ve haciendo hueco para algun enfant de la patrie, ve aprendiendo algo de francés antiguo y estudiando la geografía y las diócesis del país vecino, porque lo más seguro es que acabe apareciendo  un Jean, un Pierre o una Antoinette por alguna esquina.

Aunque ahora se nos haya olvidado y lo de que vengan a instalarse entre nosotros gente de otros países con otra lengua y cultura nos parezca una modernez, durante la edad moderna fuimos “invadidos silenciosamente” por miles y miles de jóvenes franceses que veían en nuestro páis una tierra de oportunidades.  Muchos llegaron siendo casi niños, la mayoría pensaban que volverian pronto, se dedicaron sobre todo a tareas artesanales en el ámbito urbano, acabaron casándose aquí con mujeres tanto autóctonas como compatriotas y fundaron linajes con apellidos franceses castellanizados que en muchos casos pasan desapercibidos haciendo creer a los que los portan que son de honda raigambre ibérica. Pues no.

Había tantos, que había quien decía que en Zaragoza se escuchaba más francés que español. Exageraban, claro, pero no hay duda de que es una muestra gráfica de la importancia que tuvo esta inmigración y de que hay que tener muy en cuenta a esta población cuando reconstruyamos nuestra genealogía.

[Enlace a la conferencia de Jose Antonio salas Ausens, experto en este tema, en la XII Jornada Genealógica de AragónGen. Parte I Parte II.]

Lo mejor de tener parientes franceses es que son gente práctica que no se anda con tonterías ni remilgos cuando de proteger y difundir su patrimonio se trata. Como he dicho al principio, todos los libros parroquiales y de registro civil están en la red, digitalizados y libremente consultables para el que se atreva porque, eso si, hay que avisar de que en aquellos modernos siglos no debían ser tan organizados y que hay libros que son un auténtico caos.

Por todo esto que os cuento, yo creo que todo aragonés debería peregrinar al menos una vez en la vida al sur de Francia. Las relaciones de ese sur con nuestro norte han sido históricas, continuas y estrechas. Hay algo de ellos en nosotros y de nosotros en ellos. Cuando ves su apellidos o visitas sus cementerios caes en la cuenta de cuanto compartimos pero todo eso, lamentablemente, se ha olvidado. Entrad en algun archivo departamental, hojead algún libro parroquial antiguo y fijaros en los apellidos. Flipareis.

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Otros enlaces interesantes:

http://www.geneanet.org

http://genfrancesa.com/

https://www.facebook.com/groups/756077221082479/

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