No, no se me ha ido la cabeza. Evidentemente, no soy yo la que dice esto, si no estaría ahora mismo haciendo macramé o jugando a las cartas.

Es una frase que los oyentes de la Ser pudieron oir el pasado 4 de abril de boca de una reconocida filósofa -que siempre he admirado- que colabora con esta cadena. En el mismo programa participó Mireia Nieto, de Tataranietos, que ya opinó en ese momento y que luego amplió muy acertadamente su respuesta en este post de su blog.

[Intervención de Adela Cortina a partir del minuto 5’25]

Ahora yo quiero aportar un poco más a la discusión y sobre todo al análisis que explique la reacción de esta señora, que es la de mucha gente, ante la existencia creciente de gente que dedica su tiempo a investigar la vida de sus antepasados.

Como suelo explicar en mis charlas, la visión que se tiene en nuestro país de la genealogía es muy particular y tiene aspectos derivados de nuestra historia y cultura. Por una parte esta el hecho de que hasta hace bien poco los que investigaban su genealogía eran aristócratas ociosos o gente con posibles que intentaba emparentar con los primeros. El afán de ser “algo más” de lo que se era llevó a muchos fraudes que empañaron la imagen de la genealogía e incluso la apartaron del mundo académico “serio”.

¿Y por qué esta gente tenía tanto empeño por adornar su linaje?¿Por qué -de hecho- sigue habiendo gente a la que obsesiona esto?.

Como os digo, la respuesta está en la historia. Una de las cosas que debería hacer todo el que se sumerja en siglos pasados es intentar entender la lógica con la que funcionaban y pongamos, por ejemplo, que si con nuestra investigación empezamos a traspasar el siglo XIX, nos adentramos en el XVIII y más aun en el XVII o XVI, tenemos que tener en cuenta que las personas que descubrimos tenían una mentalidad diferente a la nuestra. Y para el caso que nos ocupa vamos a resumirlo en una palabra: LINAJE.

¿Que es el linaje? Pues a efectos prácticos para un genealogista, linaje es “ascendencia o descendencia de una familia cuyos miembros estan unidos por vínculos de sangre, normalmente por vía agnaticia (masculina), es decir, que vienen de un personaje o tronco común (RAE)”.

Pero aparte de los efectos prácticos estan los efectos “ideológicos” y realmente en otras epocas el linaje significaba mucho más. El linaje te encuadraba en la sociedad, te adscribía a un grupo. Tu linaje marcaba tu destino, la consideración que los demás miembros de la sociedad tenían de tí. En todo lo que hicieras tenías que tener en cuenta tu linaje y tu linaje te limitaba a donde podías llegar o incluso de donde no podías bajar.

Ejemplos: si eras hijo de sastre, seguramente serías sastre; si eras hijo de campesino, te estaba prácticamente vetado ser otra cosa; si tenías un tatarabuelo de otra religión (ojo, religión, no era tanto cuestión de colores), no podrías acceder a cargos, a determinados empleos, a la Universidad o viajar a Indias. Si pertenecías a un linaje de los “buenos” tenías cargas y obligaciones porque había que mantener el buen nombre, continuar la estirpe, tener un comportamiento concreto o al menos parecerlo, ya que se te suponía noble, valeroso y cosas por el estilo… Leyendo este artículo de Faustino Menendez Pidal y Navascués se entiende todo perfectamente.

Ahora pensad: ¿ocurre eso hoy en dia? A partir del siglo XIX el linaje fue perdiendo importancia en la dinámica social en favor del mérito, el dinero y todas esas cosas que hoy llaman “cultura del esfuerzo”, las lealtades de los individuos a un grupos, incluida la familia, ya no son tan sólidas y aunque en la práctica tus condiciones sociales  influyen en lo que puedas ser en la vida, no lo determinan. En el siglo XVII si eras hidalgo, eras hidalgo aunque no tuvieras que llevarte a la boca y tenías privilegios por ello. Hoy, si no tienes que llevarte a la boca ya puedes decir que eres un marqués que te mandarán a la cola de los servicios sociales y gracias.

Algunos ramalazos de todo aquello siguen quedando en nuestra sociedad: esperamos que los hijos de los artistas sean artistas y los de los futbolistas, futbolistas. Pero suele ser algo anecdótico. Sin embargo, la genealogía, por lo que os he contado al principio, es un campo que mucha gente sigue identificando con esa ideología. Mentira. La mayoria de la gente hoy no hace genealogía para decir que es más o menos por lo que hicieron sus antepasados sino para aprender de ellos, conectarse con la Historia, porque es emocionante o porque -¿y por qué no?- porque le parece entretenido o intentan saciar una curiosidad.  Algunas personas incluso tienen necesidad de reconciliarse con ese pasado y lo hacen a través de la genealogía.

Incluso hay muchos que sienten intriga por saber si llegaran a encontrarse algun personaje linajudo en ese viaje pero pronto se pasa cuando descubres que puede ser igual o más fascinante la historia de un jornalero pobre que tuvo que ir de un sitio a otro para buscarse el pan y sacar adelante a la siguiente generación.

Los genealogistas de hoy tenemos muy claro lo de que cada uno es “hijo de sus obras” y no esperamos ser más o menos de lo que somos. No, hoy no se trata de eso. La genealogía se ha adaptado a los nuevos tiempos y el espíritu que la mueve realmente es otro más relacionado con nuestra forma de pensar*: descubrir historias que nos enseñen como cada uno de esos personajes se hicieron o deshicieron a si mismos, aprender de sus aciertos y errores. Pero también el mero gusto por la cultura, la fascinación por la historia, comprobar como el mundo ha cambiado en los ultimos dos siglos, descubrir que parte de toda esta historia esta relacionada con nuestro presente y cual es totalmente inesperada, resolver misterios -la genealogía sirve tambien como ejercicio intelectual– y, tanto si tus antepasados eran nobles y ahora eres un camarero o como si eran jornaleros y hoy eres un potentado, darse cuenta de que, efectivamente, no hay nada inmutable y que pocas veces las cosas son lo que parecen al mismo tiempo que descubres los procesos por los cuales tu familia y cada uno de sus miembros son lo que son hoy y no ayer ni mañana. Y no olvidemos lo más importante: recuperar y mantener con vida la memoria de las personas que han hecho que nosotros estemos hoy aquí.

Adela Cortina y mucha otra gente a nuestro alrededor se ha perdido este proceso.

 

*Hasta uno de los ultimos vestigios de aquel mundo reconoció un dia que tenía un pie en el presente cuando reconoció esto.