Hace 410 años miles de súdbitos de su majestad Felipe III fueron expulsados del país. Su delito fue tener una fe propia y no ser capaces de cambiarla por otra. En resumen, claro. La política tiene en la trastienda una parte más compleja que los titulares con la que nos la resumen.

Unos se fueron y otros vinieron. O mas bien, para ser más exactos, se mudaron. Mientras los cronistas grababan en mármoles los nombres y apellidos de los responsables de lo que sería un desastre demográfico y económico, nuestros antepasados, los que labraban la tierra, molían el grano, serraban tablones, cosían vestidos, golpeaban el hierro y en resumidas cuentas sudaban la gota gorda, hacían sus propios movimientos estratégicos, esos movimientos que no resuenan tanto pero que son los que poco a poco mueven la historia.

Fueron personas que se encargaron de volver a dar vida a los pueblos que quedaron abandonados, que pusieron en marcha de nuevo los campos, los molinos, las herrerías, carpinterías, los talleres… Las razones que les llevaron a dejar sus pueblos y moverse a otros tal vez nunca las sepamos, solo podremos imaginárnoslas, pero el caso es que el origen de los apellidos de muchos lugares, del comienzo de muchas ramas de linajes está en este momento histórico.

Hace años descubrí a los míos haciendo este viaje. Es uno de esos momentos en los que descubres que la historia sucedió de verdad: cuando tus propios antepasados la protagonizan, aunque sea desde su papel forzadamente secundario, más bien de extra, de paisaje de fondo. Y sucede porque se ha producido el milagro de que su nombre quede inscrito en un trozo de papel, en este caso unas de las cartas de población que se redactaron para establecer las condiciones en las que se instalarían los nuevos colonos.

En 1999, Gregorio Colás y Angela Atienza recopilaron varias de estas cartas de población promulgadas por señores aragoneses tras la expulsión de los moriscos en un libro editado por la Institución Fernando el Católico. Años después, gracias a ese libro yo encontré a mis antepasados paternos y descubrí como llegaron a Mesones de Isuela desde el Frasno en 1611. Sus nuevos vecinos también llegaron desde localidades mas o menos cercanas -en algunos casos no eran vecinos tan nuevos- y no podemos dejar de preguntarnos que les llevó allí. En el caso de Domingo de Ratia puede que fuera la muerte del padre de familia, Martín, pocos años antes, la que les animase a buscar nuevas oportunidades en un nuevo lugar. El caso es que pocas veces mi historia familiar y la historia con mayusculas han estado tan cerca en mi árbol genealógico.

Hace unas semanas volvía coger el libro de Colás y Atienza y me dediqué a volcar todos los nombres de repobladores que aparecen en hojas de cálculo de google drive. Están en esta web, en la sección “Historia y Sociedad”, a disposición de quien las quiera consultar para comprobar si su linaje también es uno de los que han protagonizado la historia.