Imagen de Jan Vašek en Pixabay

Hace un par de semanas o así, buscando por “genealogía” en Youtube me topé con un vídeo de una chica influencer que hablaba de genealogía. Cuando te encuentras a gente joven (al menos mas joven que yo) y con predicamento entre los milennials hablando de genealogía, te choca, te sorprende y te alegra porque esta nuestra afición, para que nos vamos a engañar, sigue siendo más de despistados de la generacion X, “boomers” y gente de más patrás.

Hace aún más tiempo encontré otro vídeo de una chica mexicana en el mismo estilo y que, al igual que este, también hablaba de la entrevista que le había hecho a sus parientes y de la información tan interesante que había obtenido. Y tanto me gustó que, por cierto, está como ejemplo en el correspondiente módulo del curso de introducción a la genealogía que gestiono en Musópolis. Esta atracción de alguna juventud por conocer la historia de sus mayores enlaza (voy hilando, luego volveré al tema principal) con este otro descubrimiento que he hecho recientemente y que tengo en mi lista de pendientes: el libro Cosas Nuestras de Ilu Ros.

Bueno, pues vuelvo. Porque escuché muy atentamente a esta chica contando que había descubierto hacia unos años lo interesante que era reconstruir su árbol genealógico y contaba a otros sus seguidores como seguir sus pasos. Y todo iba bien y sonaba muy correcto hasta que dijo una frase que me dejo muerta y que era más o menos así: “para que te vas a ir a buscar en archivos si es una pérdida de tiempo teniendo todo online”.

Lo que viene a ser una frase de Milennial de pura cepa.

Los de la generación X, los que hemos vivido los balbuceos de Internete y hemos ido descubriendo y hasta inventando sus posibilidades mientras manteníamos un pie en lo analógico, creo que tenemos otra idea del asunto. Vivir con medio cuerpo en la realidad corpórea es lo que tiene: le vemos el cartón facilmente a la ilusión digital. Por eso sabemos perfectamente que no, que en Internet no está todo y que lo que hay no siempre es de fiar.

Y entre todo lo que no es de fiar, todo lo que tenga que ver con al genealogía se lleva la palma (con permiso de la política, que siempre va en primer lugar). Primero, porque los que investigamos, por muy aficionados que seamos, deberíamos seguir unas mínimas pautas para validar nuestro trabajo y seguir un método lo más científico que podamos dentro de nuestras posibilidades, lo que incluye desconfiar de las fuentes secundarias (una transcripción o el árbol de otra persona, por ejemplo) y ya no te digo de las terciarias. Segundo, porque hay mucho personaje pululando por la red que no solo no sigue el primer punto, sino que directamente se inventa árboles, se los apropia o hace lo posible por emparentar con Carlomargo o Jesucristo sin importarle a quien se lleve por delante.

Y tercero: porque no todo esta en Internet.

Lamento decir que hay que salir de casa y visitar parroquias y archivos. A veces no nos dejarán, otras veces no nos lo podremos permitir, pero es esencial siempre que nos sea posible. Y si no es posible y no nos queda mas remedio que fiarnos de lo que nos dice otra persona, peor aún, de lo que nos dice un auténtico desconocido, hay que dejar constancia de que la información que añadimos a nuestro árbol no esta comprobada y detectar las posibles incongruencias incoherencias que pueda haber.

Otra cosa es que esa información que extraemos de Internet provenga de documentos originales digitalizados. En este caso se considerarán documentos primarios y aunque no sea lo mismo leerlos en la pantalla que tocarlos y olerlos en un archivo histórico, a efectos de la información que obtengamos de ellos tendrán la misma validez. El problema es que de toda la información que en el mundo hay, digitalizada en Internet solo hay una pequeña parte, incluso si introducimos en la ecuación todo lo que los fieles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días guardan en su montaña de granito. En concreto, en el caso de España, solo hay una parte y de esa parte no todo es accesible.

En la mayor parte de su video, esta chica -que tiene como temática principal de su canal el maquillaje- demostró ser una auténtica Cronista Familiar con su interés y su entusiasmo por la historia de su familia. Pero como muchas otras personas, y no solo milennials, peca de exceso de confianza en un medio que ayuda -y mucho- pero que al final no es la panacea ni el oráculo sino una herramienta más y que utilizada sin criterio puede ser un auténtica trampa para novatos, ingenuos e inconscientes.

Mucho cuidado.