origen de los apellidos
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Cuando llegamos al mundo, vamos a mesa puesta, es decir, nos sentamos y esperamos a ver que nos cae en el plato. Si es verdura y pescado, pues verdura y pescado y si es macarrones y filete, pues macarrones y filete. Normalmente no preguntamos ni que lleva la vianda pero a veces nos entra la curiosidad, sobre todo si la misma se sale de lo corriente por exquisita o por extravagante y preguntamos al camarero ¿me puede decir que lleva?

Pero en el caso que nos ocupa, el camarero suele tener tan poca idea como nosotros y resulta que el plato se cocinó hace tanto tiempo que a saber donde anda el cocinero. Y así es como acabamos aprendiendo cocina, para poder recrear el plato y saber como llegó a nuestra mesa con tales ingredientes.

El ingrediente más habitual en esta cocina es el nombre propio, aliñado con un sujijo o acompañado de una preposición. Tambien podemos elegir el nombre de un lugar, un apodo, un oficio y hasta el nombre de un santo. Hay que tener cuidado con combinar nombres de persona con topónimos. Si en medio les pones un “de” engordan bastante.

A veces hay discusión sobre si la receta lleva o no cebolla. Lo que pasa es que por el camino han ido surgiendo versiones de la misma hasta el punto que ya nadie sabe si primero fue el huevo o la gallina. En algunos casos la confusión el tal que acabamos preparando “nombres de ciudad con cosas” hasta el punto de que ya ni sabemos si es una ciudad o un animal. En otras ocasiones nos empeñamos en dar a los ingredientes orígenes exóticos cuando en realidad son platos que toda la vida se han hecho en el pueblo de al lado.

Receta básica para cocinar un apellido:

Ingredientes: nombre propio, nombre de lugar, apodo u oficio. Preposiciones y sufijos. Faltas de ortografia o de audición. Leyes y edictos.

Paso 1. Coja el ingrediente principal y añádaselo al nombre de alguien al que quiera distinguir de otra persona que se llame igual.

Paso 2. Si es un nombre propio, puede salpimentar con un -ez al final. Si es un topónimo, con un “de” delante.

Paso 3. Herédese hasta que coja buen color.

Paso 4. Dele una vueltas en la sartén con aceite del concilio de Trento virgen extra “1563” para que se quede sellado.

Paso 5. Se le pueden quitar partes o añadir ingredientes al gusto hasta dejarlo bonito. Revolver con una pluma o dar sabor con una mala oreja obrará milagros.

Paso 6. Servir al nuevo comensal acompañado de una copita de tintorro “Ley del registro Civil” añada de 1870.

Paso 7. Se sugiere acompañar de otro apellido distinto cocinado de forma similar, para que nuestro invitado no se quede con hambre.

Y así es como se han ido cocinando los apellidos a lo largo del tiempo. No fiarse de las recetas que salen en algunos diccionarios de apellidos porque son más bien comida rápida, especialmente si vienen en escudilla. Es cosa bien sabida que lo que uno mismo se cocina es mas rico y saludable.

¡Buen provecho!