Recien nacido muerto, de la web del museo Nacional de Cataluña. Imagen completa y ficha aquí

El post de hoy es un poco triste porque habla de niños muertos. Si, así, a bocajarro, porque en la época de nuestros antepasados no había tanto eufemismo. Los niños se morían a puñados y todos los genealogistas sabemos lo deprimente que puede ser ponerse a rebuscar en los libros de defunciones cuando la mitad de registros corresponden a párvulos. Hace tiempo, en un tweet alguien invitaba a la gente a recordar que enfermedades curables con antibióticos había padecido para saber cuantos años hubiera vivido antes de la invención de los mismos. La mayoría no estariamos aquí. Pues eso: que era duro ser niño en los siglos pasados. En realidad no te hacían tanto caso, te hacían trabajar desde muy pequeño y desde luego no habia juguetes en Navidad -ni consolas ni consolos-, solo misas y algun villanzo para amenizar los ágapes. Los caprichos eran escasos y los capones y tirones de orejas, abundantes. En los primeros años tus posibilidades de llegar a adulto eran pequeñas, asi que lo mejor era no encariñarse demasiado contigo.

Por todo esto, y en homenaje a esos pequeños que no llegaron ni de lejos a formar su linaje pero que no eran por eso menos parientes nuestros, escribo esta entrada. Y es que en el último año he hecho algunos hallazgos sin relación entre sí pero que me han llevado a darle vueltas a lo mismo: ¿Que pasó con la memoria de los párvulos que se fueron antes de tiempo?

El primer caso es muy próximo: tuve dos tios que murieron al poco de nacer. Es lo único que sabíamos. Y sus nombres. Pero ni  siquiera constan en un libro de familia que se rehizo tiempo después. Llevaba ya algun tiempo detrás de alguna pista cuando uno de ellos, Ernesto, apareció por sorpresa y casualidad. Asi supimos que murio a los tres meses de edad. Y hace unas semanas, en plena cuarentena pandémica y -como suele suceder- por un golpe de la fortuna mientras buscaba online otras cosas, apareció su hermano Carlos, muerto con solo un mes. Casi 90 años prácticamente han estado en el limbo de la mitología familiar.

Entremedias, un caso mas bién pintoresco. Un padre que muere dejando 6 hijos, pero a mi me falla una, Primitiva, que está mencionada pero de la que no encuentro su partida de bautismo. Cuando reviso, me fijo en que la partida de bautismo de su hermana mayor, Paulina, está corregida. Debajo de la tachadura, el nombre de la hermana “fantasma”. Un descendiente de Paulina había hecho corregir la partida pensando que era la de su tatarabuela mal escrita. La causa: un error en el apellido en la auténtica partida de Paulina habia despistado al investigador aunque en la de Primitiva quedase bien claro que era la segunda…

Y por último, el caso para mi más impactante. Nadie de mi famila cercana sabía que mi abuelo paterno había tenido una hermana pequeña fallecida con nueve meses, ni que mi abuela paterna habia tenido un hermano mayor fallecido con tres. Pero ahi estaban sus partidas de bautismo. Sin llamarlos habian venido hasta mí.

Estas historias son relativamente recientes, de los siglos XIX y XX. ¿Que pasaría en siglos mas lejanos?¿Como se rememoraba a esos proyectos de persona truncados?¿Se les olvidaba, como a mis tioabuelos?¿Se animaba a la compungida madre a olvidarse del vástago perdido para ponerse a fabricar otro lo antes posible?

Las largas listas de párvulos y niños muertos son algo impensable hoy en dia, al menos en el llamado primer mundo, donde gracias a los avances medicos e higiénicos, la alimentación, los cuidados y toda la atención que se pone en la atención a nuestros pocos hijos, la mortalidad infantil ha descendido a niveles irrisorios. Pero nunca me había planteado que pasaba con la memoria de esos pequeños desgraciados que apenas pudieron disfrutar de las ventajas de la vida y que seguramente murieron pensando que simplemente se quedaban dormidos. ¿Acaso era un trance tan doloroso que las familias preferian hacer como que no había ocurrido? (los casos de mi historia familiar me hacen pensar en esta opción) ¿O un bebé o un parvulo era tan poca cosa para aquellas sociedades que no merecian ni un triste recuerdo?

Aunque siga siendo duro, me alegra poder seguir encontrándo a estos niños en las páginas de los libros antiguos y que vuelvan a sonreir un poco a la vida.

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