Mucha gente ha aprovechado estos dias del confinamiento para hacer un poco de restrospectiva personal y reorganizar sus ideas. Yo tambien. Bueno, en realidad las primeras semanas fueron un poco confusas y he de decir que dedicarme a poner orden en el archivo familiar me ayudó bastante a ordenar mis pensamientos y retomar el hilo de la vida. Y es que a falta de archivos y con tantas incertidumbres en el ambiente, la actividad genealógica favorita de estos días ha sido dedicarme -al fin- al legado documental de mis antepasados.

Como cuento en mi charla “Se buscan cronistas familiares” mi abuela nos legó un montón de documentos que abarcan desde finales del siglo XIX hasta casi el año 2000 y que pertenecieron o hacen referencia a muchas personas de la familia de varias ramas. Desde ascensos militares de mi bisabuelo firmados por Valeriano Weyler y la Reina regente hasta los recibos de la pensión de mi abuela de mediados de los ochenta pasando por cartas de mi tío abuelo desde el frente de Aragón y recordatorios de BBCs. El guirigay documental que tenía, en diferentes cajas, carpetas y sobres invitaba a entretenerse ordenando pero no ha sido hasta el “kit kat” del coronavirus que no me he decidido a meter la mano por falta de oportunidades para la concentración.

Ya había hecho otros intentos, pero siempre acababa surgiendo el atasco por no saber bien como plantear la organización de semejante selva que, no os creais, no ocupa más que una caja de tamaño A3 más una caja pequeña para los recordatorios, pero suficiente para hacer sudar un poco al archivero aficionado novato.

Al fin vi un poco de luz con este pdf que es un capitulo del libro “Manual de Archivos Familiares” de la archivera Olga Gallego (1). Y aunque está muy pensado de cara a esos grandes archivos de nobles, gente pomposa e importante y otras variantes del star system social, el cuadro clasificatorio que propone se deja adaptar muy bien para fondos mucho más modestos.

En el capítulo III del libro, Olga Gallego distingue para empezar entre documentos funcionales, colecciones y archivos ajenos a la familia. Dentro de los documentos funcionales estarían los de contenido genealógico (los descedientes de jornaleros no solemos guardar láminas con árboles bellamente decorados, pero si tenemos algun certificado, libros de familia, etc, que pueden encajar bien en esta parte); los patrimoniales, ya sabes, los títulos de propiedad de las fincas y las mansiones y derivados (mi abuelo tuvo un modesto bar, pues tira) y los individuales, que incluyen los documentos que generaron las personas de la familia en su ir y venir por la vida: las tipicas cartas que se intercambiaban nuestros antepasados con los ministros del gobierno de la I República , oficios recibidos de sus subordinados del frente de Flandes… (en mi caso, me tiene que valer con una nota que le mandó mi abuelo a mi abuela para quedar cuando eran novios, los recortes de las exposiciones de mi tío abuelo o los diplomas a empleado fiel de mi bisabuelo, que un papel que dice que te has tirado 30 años trabajando en el mismo sitio sí que es un documento histórico en los tiempos que corren).

Después de los funcionales vendrían las colecciones, que es dónde he metido los recordatorios de los que como mi abuela se guardaba todo, hay un buen puñado. También irían aqui, por ejemplo, los albumes de fotos. Y cómo así era mi abuela he dejado a mano el apartado de documento ajenos a la famila porque no descarto que aparezca cualquier cosa de a saber quién, aunque no tenga nada que ver con nuestra historia familiar.

Hay más apartados en la propuesta de Olga Gallego que he considerado que me sobraban y otras subdivisiones que he agrupado en una porque no tengo tanto como para separar, pero para otros archivos si pueden ser de utilidad . En general es un buen esquema y en el libro lo explica bastante mejor que yo. Pienso que puede servir a otras personas y si no es así, al menos puede servir de inspiración. Y como también se dice en el libro, si consideras que tu colección es tan pequeña que hasta este esquema se le queda grande, bastaría con ordenar los documentos cronológicamente.

Y es que lo más importante es que conozcas que documentos tienes entre manos y pienses de que manera los organizarias tú, buscando ayuda de estas guías profesionales si hace falta cuando te quedes atascado, pero adaptando su propuesta a la realidad de lo que tienes (y de como lo tienes, porque puede que estén dispersos en varias manos). Puede que haya papeles que una clasificación externa separaría pero que para tí no tienen ningun sentido el uno sin el otro, como en las típicas películas de amor o puede que solo tengas recibos, solo tengas cartas o solo tengas hojas rayujeadas. Lo importante es que los ordenes, los organices, los inventaríes y, sobre todo que los trates con cariño. Recuerda que, como también digo en mi charla, son los canales de comunicación entre nuestros antepasados y nosotros.

(1) Ahora que están abiertas las bibliotecas aprovecvharé para echarle mano al libro entero y es muy posible que en otra entrada amplíe un poco. Ya os contaré.