El año 1839 marcó un antes y un después para los que nos interesamos por nuestros ancestros. Ese año, un francés llamado Louis Daguerre presentó una innovación tecnológica que iba a revolucionar muchas cosas a partir de ese momento: la fotografía.

Porque, para empezar, hasta ese momento, solo las personas más pudientes podían permitirse el que su imagen pasara a la posteridad. Las “fotos” que se hacían  requerían un minucioso trabajo a paleta y pincel y tenían que confiar en la pericia del artista si querían que el resultado fuera una imagen fidedigna. Pero a partir de 1839 todos iba a ser mucho más fácil. Los retratos pintados con luz te sacaban tal y como eras, con tus hermosuras y defectos. Además era más rápido y barato y así fue como poco a poco cada vez más capas sociales iban a apuntarse a tener una imagen que legar al futuro, ya fuera vivos o muertos.

De las primeras décadas de la fotografía tenemos imágenes de gente vestida con elegantes y pomposos ropajes posando en glamurosas habitaciones pero, a medida que nos acercamos al cambio de siglo, la variedad de personajes aumentará para mostrarnos por fin con fidelidad cómo era el mundo en el que nuestros antepasados vivían, sus ropas, sus peinados, sus casas y cosas, sus ciudades y pueblos, las cosas que les importaban…y sus rostros. Algo que es completamente imposible si tu antepasado no es un aristócrata o un acaudalado burgués en el año 1800. ¡Ay! Como nos gustaría a veces saber cómo eran muestros jornaleros, artesanos, labradores… ¿verdad?. A veces tenemos descripciones someras como las que les hacían a los pasajeros a indias o a los reclutas del servicio militar, pero otras veces tenemos que echarle imaginación, tal vez basándonos en los rasgos característicos de nuestra familia. Y de repente ¡zas! Surge una albúmina desvaída con una cara decimonónica de esa abuela que tu sabes que era fregona, pero que ese día se ha puesto sus mejores galas, como un personaje de “Acacias 38” en día de boda. Cuantas cosas nos dicen esas fotografías si las miramos bien.

Poco a poco, nuestros antepasados van a ir asomándose desde esos pedazos de papel o cartón y, conforme avancen las décadas, cada vez se harán mas fotos, irán llenando cajas y álbumes y así hasta hoy, que no damos abasto con los discos duros para guardar todas las fotos del niño y del gato haciendo mil monerías.

Dentro de cincuenta años, si es que los jotapegés han resistido a los accidentes informáticos, nuestros descendientes se sorprenderán con esa afición a fotografiar cualquier menudencia que hemos desarrollado en los últimos años, pero también tendrán la posibilidad de conocer al detalle cómo era el mundo de sus abuelos millenials. Se sorprenderán viendo los detalles que nos rodean, nuestras ropas y nuestros gestos en un viaje al pasado similar al que ahora nosotros hacemos al abrir el álbum familiar. Y es que encontrarse con las fotos antiguas, si miramos con los ojos adecuados, es un fascinante ejercicio que te transporta a modos de vida desaparecidos, a lugares que ya no son ni parecidos, a momentos de la historia que  los que nos precedieron tuvieron la suerte o desgracia de vivir. Una imagen en dos dimensiones puede convertirse perfectamente en una imagen en tres dimensiones si utilizamos nuestra imaginación. Y si conseguimos colorearla, una imagen en blanco y negro puede llegar a sumergirte en un auténtico viaje en el tiempo.

Hay por ahí fuera mucha gente que aprecia las fotografías antiguas, valora su importancia como capturas de fogonazos de luz del pasado que han quedado atrapados en un trozo de papel para recordarnos que hubo otro mundo en el mismo lugar que ahora habitamos. Y por eso, gracias a coleccionistas y archiveros, podemos revivir momentos que otros vivieron hace mucho y dar forma en nuestra mente al escenario en que nuestros tatarabuelos se movieron. Lo mejor es que muchas de esas colecciones pueden verse en Internet y de Aragón ya tengo localizadas un buen puñado de webs. Aquí están, que las disfruteis y ¡buen viaje al pasado!

[En la imagen de la entrada: Calatayud fotografiado por Otto Wunderlich en los años 20. Obtenida a través de Europeana]

[Addenda: Mientras termino esta entrada, me llega la noticia de este proyecto ¡Que tengan mucha suerte!]