Antes de dedicarme a la la Historia, la genealogía y todas estas cosas, cuando leía los datos sobre la “esperanza de vida” en distintas épocas, yo también creía que la gente en la Edad Media era vieja a los 30 años y se moría a los 40. Es curioso como se nos queda esa imagen a pesar de que, cómo si fueramos niños en víspera de Reyes, vemos indicios por todas partes de lo contrario (Ramsés II vivió 90 años, por ejemplo). Luego empecé a ver defunciones de libros parroquiales y me sorprendía que muchos de mis antepasados llegaron a viejos, algunos incluso muy viejos.

Lo que ocurre es lo mismo que en el chiste de “si metes la cabeza en el horno y los pies en el congelador estarás a la temperatura ideal”: es todo estadística. Claro que había ancianos en otras épocas. Simplemente había menos porque antes la vida era una carrera de obstáculos tremenda y muchos iban tropezando y cayendo por el camino. A pesar de todo, más de los que nos imaginamos se las ingeniaban para llegar a meta.

Por otro lado, dadas las circunstancias -y a falta de televisión y métodos anticonceptivos más eficientes- la gente procuraba tener muchos hijos. En las épocas de más natalidad podían llegar a tener más de diez hijos por mujer y si el mundo no está ahora (más) abarrotado de gente es porque de esos diez muchos no llegaban a la edad adulta, ni siquiera a superar la primera infancia. Esto hace que las estadísticas de muertos se engorden con muchas personitas de pocos años que hacen que la media baje y tengamos un poco más de frío en los pies.

He de reconocer que yo para los números siempre he sido un poco espesa, así que si quieres que te lo expliquen mejor, entra en este artículo del blog Arqueología en mi Jardín (por cierto, me encanta esa canción, je,je). Y aquí en la Wikipedia la esperanza de vida en cada época de la Historia.

El caso es que, al hilo del asunto, he analizado mis árboles genealógicos (si, así, en plural, otro día os explico por qué) y he buscado cosas que reflejen todo esto. Teniendo en cuenta que hay muchos individuos, la mayoría, de los que no conozco la edad al morir y quitando a la campeona de campeones, mi abuela Pilar, que llegó a los 96 (para no entrar ya en el XXI) he encontrado estos 67 ascendientes directos míos que, entre los siglos XVII y XX superaron los 65 años.

  • La que llegó mas lejos: Gracia García, de Villadoz, que vivió 87 años. Murió en 1765.
  • Le sigue el señor más longevo, Pedro Fernando que murió en 1918 con 85.
  • En el siglo XVII Ana Catalán, de El Frasno, llegó a vivir 77 años. Murió en Mesones de Isuela en 1635.
  • En el siglo XVIII después de Gracia está otra señora, Maria Agueda Losilla, que murió en 1791 con 81.
  • En el XIX tengo 5 que alcanzaron los ochenta. De nuevo ganan dos mujeres: Joaquina Medalón, de Villamayor y Tomasa González, de Alagón, llegaron a los 82.
  • La media de edad de estos “longevos” (mas de 65) en cada siglo es de 70,2 años en el XVII, 72,3 en el XVIII , 72,8 en el XIX y 75,7 en el XX. Como vemos, la variación no es tan exagerada como nos podríamos haber imaginado.

Y si, tengo antepasados que murieron jovenes, a los cuarenta y treinta y tantos; muchos párvulos que no pasaron de párvulos y un buen puñado de señoras que se quedarón ahí en época fértil después de un mal parto. La vida es dura sin seguridad social y con una guerra o hambruna tras otra. Pero, aunque maduraban antes que nosotros y se estropeaban mucho, no hay que pensar en viejos de treinta o cuarenta. Simplemente en gente curtida.

Por si no os habeis sorprendido lo sufuciente con las provectas edades de mis antepasados, aquí os dejo un ejemplo de una persona que llegó aun mas lejos, a la que hoy le habrían inscrito en el Guinness y habría saldo en la televisión revelando su secreto para una larga vida. Pero este es un tema que prometo ampliar en otra entrada algun día.

La supercentenaria María Berza