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Si hay un espíritu que nos invade estos dias casi al mismo nivel que el navideño, ese es el espíritu cuñado, entendiendo como cuñado ese ser al que tememos en nuestras cenas familiares por identificarlo con alguien cansino, sabiondo e incluso follonero. Y por eso los pobres cuñados suelen ser los que se llevan las culpas de que las cenas familiares acaben mal. Pero yo suelo decir que tengamos cuidado al poner etiquetas, porque al final tan cuñados somos unos como otros. Y, además ¿sabemos realmente que es un cuñado?.

La primera curiosidad viene del origen de la palabra. Si hay una palabra que ha dado mas vueltas que un pirulo a lo largo de los milenios, es esta. Viene del latín, de cognatus. Y ¿Que era un cognatus? Pues en un principio era un pariente cosanguíneo (“con un mismo origen”), nada menos. Eran todos aquellos que estaban emparentados a causa de ser descendientes de la misma pareja. Asi que, primera sorpresa, originalmente los cognados eran parientes de sangre, cosanguíneos, cuando hoy son los parientes por afinidad (parientes políticos) por excelencia.

Pero poco a poco, el significado de la palabra se fue moviendo hacia la definición de la parentela del lado femenino simplemente porque para la del lado masculino ya estaban los agnados, que eran los hombres que descendían por via masculina del principal ancestro masculino. Es decir, los que pinchaban y cortaban en la familia. El mas antiguo, el paterfamilias, mandaba sobre todos y sus hijos y nietos eran aspirantes, a su vez, a mandar con el tiempo. La legislación familiar, que al principio solo tenía en cuenta a los agnados, fue cambiando y, por contraposición, la palabra cognado se fue identificando con el lado femenino. El derecho canónico de la nueva religión cristiana adoptó el termino agnaticio para el parentesco patrilineal y cognaticio para el matrilineal.

Todavía la antropología recuperó el significado original de cognado para el pariente de cualquier lado, concretando como uterino el parentesco matrilineal pero, mientras tanto, en el universo vulgar, la palabra iba evolucionando. La o se transformó en u, la gn en ñ y de pronto, en toda mesa familar el dia de Nochebuena había un señor diciendo que tenía la receta para arreglar el país y que era capaz de hacer 100 kilometros en media hora.

¿Y como pudo ocurrir esto? De momento no he localizado una explicación clara aunque sospecho que puede haber sido un proceso sutil de progresiva identificación de la hermana con su esposo y que luego esta identificación se fue ampliando a mas parientes por afinidad fueran de uno o de otro lado. Si lo averiguo, os lo cuento y si lo sabeis me lo contais en Facebook.

Mientras tanto, acordaros que, para el Código Civil, vuestros cuñados y cuñadas son parientes en segundo grado por afinidad*, al mismo nivel que los hermanos, más parientes que vuestros tíos y sobrinos y más aún que vuestros primos, que se quedan en un incómodo cuarto grado (diploma olímpico). Hasta para eso son así de chulos. ¿No son adorables?.

 

*No asi los concuñados, con los que no tendríamos ningun parentesco, ojo.