Estamos a las puertas de la Navidad, esa época familar por excelencia, y las grandes marcas ya han empezado a lucir esos anuncios trabajados, emotivos e impactantes en los que seguramente llevan trabajando meses con el objetivo de conseguir captar nuestros ahorrillos a base de soltarnos la lágrima y hacernos ¿reflexionar? cinco minutos antes de que volvamos a la rutina de siempre.

Intentan tanto rizar el rizo que muchas veces no aciertan o hacen aguas, como cuando intentan convencernos de que la falta de tiempo para estar con la gente que queremos es culpa nuestra y de las redes sociales y no de nuestro endiablado ritmo de vida (promovido por ellos, por ejemplo). Pero a mí el que me ha “encantado” -genealógicamente hablando- ha sido el de esa marca sueca de muebles en la que una cena familiar se convierte en un concurso en el que todos van quedando eliminados porque parece que sabemos mas de la vida de los famosos que de la de nuestros propios allegados.

Quitando el detalle de que yo me aprendí la vida de los famosos de niña precisamente en las prontos de mi abuela (que un ratito me contaba batallitas y otro ratito yo me emprendia con la prensa rosa, que pa todo dá) con lo cual ya el primer debate podria ser hasta falso, lo que yo detecto, aparte de la misma falta de tiempo que en el otro anuncio, promovida por la desesperante vida que llevamos, que en esa familia del anuncio falta algo.

Pues si, falta un Cronista familiar.

Un cronista familiar podria ser, por ejemplo el capitán del equipo, el comodín de la llamada, la enciclopedia Espasa a la que acudir en caso de duda. Nadie se tendría que ir de la cena porque un papelito-chuleta por debajo de la mesa, unos signos dibujados disimuladamente en el mantel habrian solucionado el evento y al final, toda la familia habria cenado junta sin problemas.

Con un cronista famliar en nómina estas pobres familias no perderían información o al menos la tendrían a buen recaudo, disponible para su consulta como una wikipedia en el móvil. Sería mas difcil que alguno no solo no supiera cosas tales como ¿como se conocieron tus padres? sino que posiblemente sería capaz de responder a la pregunta ¿como se conocieron tus tatarabuelos?.

Asi que, amigos que os sabeis cronistas de vuestras familias, acordaros que para eso estais. Ya sabemos que una vez mas la política será la estrella de la Nochebuena pero propongo un juego que será mejor que el bingo: un trivial con las mismas preguntas del anuncio. Y si alguna no se conoce, pues será el momento de ponernos todos al día. Porque de una cena familiar no se tiene que ir nadie, que para un ratico que nos dejan estar juntos, sin trabajo, sin comprar, trámites, horarios ni obligaciones -y aunque, paradójicamente,  sea por obligación- pues hay que aprovecharlo. Y hasta disfrutarlo.