Nos habíamos quedado con las huestes cristianas acechando la taifa cesaraugustana allá por principios del siglo XI. Sancho Ramírez está rondando Wasqa en 1094 cuando un peón musulmán hace jaque mate de un certero flechazo. Pero su hijo Pedro I remata la faena de papá y además conquista Barbastro, con lo que el año redondo de 1100 da el banderazo de salida para lo que continuará con ímpetu batallador su hermano Alfonso.

Para animar la conquista de Zaragoza y que se apuntasen con brío la mayor cantidad de nobles posibles, la Iglesia puso la empresa al nivel de una cruzada. Acudieron Céntulo de Bigorre y el conde Bernardo de Comminges, Gaston de Bearn soplando su cuerno… La pandilla francesa de Adefonsus tendrá un especial protagonismo en sus conquistas y eso se notará luego a la hora de repoblar.

En este momento no hablamos de provincias ni conventus. Se trata del Reino de Aragón extendiéndose hacia el sur. Una vez abierta la puerta de Saraqusta, Alfonso se viene arriba y no solo se planta en Daroca, Calatayud, Tarazona o Tudela e incluso Soria y Siguenza sino que llegará a organizar una expedición a Granada que ni Admunsen y el polo Sur. Pero será sobre todo para farruquear, que para algo era aragonés y echar un cable a los mozárabes granadinos que lo reclamaban para defenderles de los excesos almorávides. Lo suyo es seguir ganando territorios que repoblará con cristianos montañeses, navarros, franceses traídos por sus amigos del Bearne, mozárabes que le siguen a la vuelta de Andalucía, los musulmanes que decidieron quedarse bajo dominio cristiano (y los judíos)… un sustrato diverso para fundar lo que va a ser la versión extended del diminuto condado original y que será la base humana de lo que somos hoy los zaragomaños.  Se esboza lo que será el repertorio de apellidos en el futuro (topónimos pirenaicos, franceses y navarros, nombres propios medievales, oficios en su forma aragonesa…) y aunque aún es pronto y entre la población general todavía no debe ser costumbre que se hereden, pronto empezará a serlo entre los nobles.

La fiesta se acabó en Fraga en 1134, donde el rey recibió las heridas que le llevarían poco después a la muerte.

Los sucesores de Alfonso I seguirán liderando la conquista de tierras hacia el sur, como todos sabemos, pero digamos que lo gordo lo hicieron las huestes del Batallador (que tendría mucho brío el hombre, pero no creo que lo hiciese solo) y sus amigos del sur de Francia.

Así que, de momento, ya tenemos esbozada lo que será la provincia de Zaragoza formando parte del cristianísimo Reino de Aragón –pronto Corona- aunque desde luego muy lejos de cualquier organización territorial que se le parezca. Durante unos cuantos siglos será un conjunto de señoríos laicos, eclesiásticos o de realengo yendo y viniendo según a quien toque premiar o favorecer en cada momento. A principios del siglo XV hay una gran parte bajo señorío laico, el área de Zaragoza es de realengo, Calatayud y Daroca están dentro de sus respectivas Comunidades de Aldeas (pero no revueltos), pero también hay algunas zonas bajo la jurisdicción del cabildo de Zaragoza o las órdenes militares.

Poco a poco, sin embargo, el rey va a ir consiguiendo mandar un poco más en este aspecto. El objetivo, por supuesto, recaudar impuestos entre sus vasallos directos. Para ello pondrá aquí y allí  bailes y merinos. Pero las propias villas y ciudades también se van organizando para defender sus intereses. Las aldeas frente a las ciudades (Daroca y Calatayud) o los municipios entre ellos formando juntas para organizar la seguridad ciudadana, lo que aprovechará el rey para organizar un poco el territorio a su favor de manera que en el siglo XIII se puede hacer un mapa “comarcal” de Aragón en el que lo que hoy es la provincia de Zaragoza estaría dividida o tomaría parte de las sobrejunterias de  Zaragoza, Tarazona, Huesca y Jaca, además de la Comunidad de Calatayud y parte de la de Daroca. La de Zaragoza se salía incluso un poco de los límites actuales y se metía en territorio valenciano.

Sobrejunterias por provincias

Reparto de las sobrejunterias y comunidades de aldeas (A.Ubieto Arteta) sobre un mapa de las modernas provincias de Aragon.

Nos vamos acercando a zona genealógica (en lo que se refiere a los simples mortales pecheros) y tenemos que hacer parada y fonda en el censo de 1495 elaborado, por supuesto, para cobrar impuestos (las generalidades, en este caso). Para ello se dividía el reino en lo que ahora se llaman sobrecollidas. En este momento hay 12:  Zaragoza, Alcañiz, Montalbán, Teruel-Albarracin, Daroca, Calatayud, Tarazona, Huesca, Jaca, Ainsa, Barbastro y Ribagorza. Y ahora sí, se mantendrán con bastante estabilidad hasta el siglo XVIII aunque, no soñemos, su finalidad sigue siendo la que es, nada de gestionar servicios, acercar la administración al ciudadano ni moderneces de esas.