Dado que mañana es fiesta y al otro también, he decidido adelantar el día de publicación de mi entrada semanal del blog y dedicarlo a las fiestas del Pilar. Y que mejor que intentar imaginar cómo vivieron las fiestas las distintas generaciones de mi familia que han vivido en Zaragoza.

Siempre cuento que en mi árbol genealógico sólo hay una rama que sea realmente de Zaragoza capital. Es la de los Asirón, que tengo documentada desde mediados del XVIII hasta mitad del XX. El resto de ramas se fueron incorporando desde mediados del XIX hasta mediados del XX desde sus respectivas localidades siguiendo los cambios económicos y las tendencias migratorias del cada momento.

Así que realmente los “asirones” son los que han podido vivir las Fiestas del Pilar tal vez desde su comienzo y el resto se han ido incorporando progresivamente al latir que cada año se genera en esta ciudad cuando empieza el pregón y suena el chupinazo. Pero ¿desde cuando y cómo celebraron mis antepasados -y tal vez los tuyos- las fiestas del Pilar?

Hasta 1613 a la Virgen del Pilar se la celebraba el dia de la Asunción, el 15 de agosto. Ese año el municipio propuso, por razones prácticas, trasladarla al 12 de octubre. En 1640 se produce el Milagro de Calanda, el hecho fundacional del actual entusiasmo por esta advocacion que llevó, en 1647, a que fuera nombrada patrona de la ciudad y después a que se iniciasen las obras de la basílica. Lo demás ya fue ir preparando un buen programa de fiestas. Se conserva la referencia a las de 1723 que incluyeron en 9 dias procesiones, toros, mojigangas, pasacalles… Pero, por supuesto, los actos centrales en cada familia en esos tiempos serían los religiosos, pues en torno a la religión giraba la vida de nuestros antepasados. Misas, procesiones, predicaciones, rosarios…desde el siglo XVII se reza el rosario de la aurora en la vispera de la fiesta mayor y el Rosario de Cristal se celebra el dia 13 desde 1889 por iniciativa de la entonces recien creada Real Cofradía del Santísimo Rosario de Nuestra Señora del Pilar.

En 1807 el Vaticano oficializa el 12 de octubre como dia de celebración de la Virgen del Pilar en (aunque sea el 2 de enero el dia en que dice la tradición que vino la Virgen Maria a Zaragoza). Mi quintoabuelo Joaquin Asirón no llegó a celebrar los festejos de ese año porque murió en mayo pero su hijo Alberto ya pudo ver acompañado de sus hijos las jotas de ronda que le cantaron a Fernando VII en 1828 durante su visita a Zaragoza. Entonces todavía se rondaba con gaita, dulzaina y tamboril porque hasta unas décadas después no se popularizaron las formaciones con guitarra y bandurria que hoy identificamos con la música aragonesa. Imagino a mi  bisabuelo Matías, originario de Longares y muy aficionado a la jota, bajando desde Villamayor de Gállego, donde había fijado su residencia en 1904, a ver los certámenes que se iniciaron a finales del XIX y que perviven hasta hoy.

Tambien estarían presentes en los primeros festejos los Gigantes y Cabezudos, porque estos personajes son el elemento festivo mas antiguo de Zaragoza. Mis más lejanos antepasados zaragozanos ya los conocían. Desde el siglo XV representaban a los pecados en las procesiones del Corpus pero también hacian su aparición en otras celebraciones acompañados de la música y la chiquillería.

Ahora estos personajes se van a ver cada vez mas ligados a estas nacientes fiestas. En 1841, mi tatarabuela Francisca Asiron a lo mejor ya corrió delante del Morico, el Berrugón, el Forano y el Tuerto, si sus padres las llevaban desde la Cartuja Baja a ver las fiestas, que no lo sé. Mi bisabuela Rosa ya habría podido hacerlo delante de la nueva comparsa creada en 1860 por Felix Oroz, que tenía ya la configuración actual, con ocho gigantes y los cabezudos más clásicos; y mis tías abuelas Fernandez Fuertes, hijas de Rosa, tal vez se pudieron tirar ya desde el tragachicos alrededor de 1900 cuando mis bisabuelos Juan y Rosa se instalaron en Zaragoza al pasar el a la reserva en el ejército. En 1964 mi madre lloró la quema de esta antigua comparsa cuando fue sustituída por la nueva que hoy corre detrás de sus nietos.

En 1872 (fecha del grabado que ilustra esta entrada) la Ilustracion Española y Americana hace un resumen de lo que fueron las fiestas de ese año, en las que se consagró el templo del Pilar iniciado casi un siglo antes: “Funciones religiosas, cabalgatas históricas, simulacros de gloriosos hechos de armas, músicas, iluminaciones, certámenes poéticos y más que omitimos en gracia de la brevedad, forman la brillante serie de regocijos públicos con que el culto vecindario de Zaragoza ha celebrado en el presente año la consagracion del tempo metropolítano y la festividad de su santa patrona”.

Rosa Fuertes Asirón y sus hermanos también pudieron ver al año siguiente la primera gran cabalgata aunque la que conocemos, la del pregón, no se estrenó hasta 1915. Esa ya la vería su hijo, mi abuelo, con su madre y sus hermanas. Mientras tanto, en 1905 se celebraba una “batalla de confetti” en la Calle Alfonso, calle donde estaba la casa aristocrática a la que unos años antes había llegado a servir mi bisabuela materna Concha desde Alcañiz.

Un poco mas mayores, en 1882, los Fuertes Asirón verian por las calles de la ciudad los carteles que anunciaban las fiestas de ese año que incluían cosas tan curiosas como disparos de mortero o reparto de bonos de 50 centimos para los pobres.

Mis bisabuela Concha, se casó en Zaragoza en 1909 con Casimiro, del Burgo de Ebro y se instalaron definitivamente en la ciudad en 1918 con sus hijos Antonio y Pilar, mi abuela. Desde su casa tenian muy cerca el ferial de Santa Engracia. En 1934, aunque no se acercaran a Torrero a ver la fiesta naútica y el desfile de barcos en el canal Imperial, puede que vieran los aeroplanos que surcaron los cielos ese dia. Aquel dia fue divertido ver y escuchar aviones en el cielo, pero solo dos años después la cosa cambiaría: llegó la Guerra Civil y los bombardeos, y las fiestas de 1936  añadieron al programa desfiles de la Falange. En 1939 el propio “Caudillo” apareció por aqui el dia de la fiesta mayor. Antonio ya habia muerto en la Guerra y mi abuela Pilar vio la ciudad engalanada de banderas, fotografias de Franco y Jose Antonio y simbolos del “Glorioso Movimiento Nacional”. El franquismo y su nostalgia por la historia imperial trajo tambien el “Dia de la Raza” para el 12 de octubre, que afortunadamente ha mutado con el tiempo al mas amable “dia de la Hispanidad”.

Después de la guerra civil el componente popular de las fiestas decayó notablemente. En la época de mis padres, la poblacion más humilde se tenía que organizar por su cuenta mientras las celebraciones oficiales se centraban, además de en los actos puramente religiosos, en cenas y bailes para la élite y elecciones de Reinas de Fiestas a la que la poblacion general no tenía acceso. Pero a pesar de todo a finales de los 50 se iba a inaugurar el acto que se convertiría en el central y el más conocido de todos: la Ofrenda de flores. Aunque no es original sino copiado de las fiestas valencianas ha arraigado de manera extraordinaria en las fiestas zaragozanas, seguramente gracias a que ha logrado unir la devoción religiosa con la celebración popular. Mi madre y mi tia se incorporaron en 1962 y con ellas, las generaciones que les han seguido.

Y con al transición ya llego yo, que no he conocido otra cosa que las fiestas de las peñas, la música en la calle, el cachirulo al cuello, los fuegos, las vaquillas de empalmada, los eventos para niños y los más mayores, la traca final y por supuesto las ofrendas interminables con gente de todas partes, cada vez más diversa gracias a la incorporacion en las últimas décadas de gentes de otros países.

Y que siga así muchos años.

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