Cuando llevaba un tiempo elaborando  mi genealogía, me di cuenta de que mis antepasados eran mayoritariamente de la provincia de Zaragoza. Bueno, en realidad, tiempo después fui descubriendo las raíces turolenses de mi línea materna, pero sigue habiendo un peso importante de mi árbol en este trocito de la península ibérica. Una vez me presenté en un encuentro de genealogistas como “Ratia, en Zaragoza desde 1495”. Mis antepasados, con  algunas excepciones, han vivido en pueblos de la provincia desde hace siglos.  Asi que si a veces os parezco un poco cabezona, es que soy maña, co.

Pero, en realidad, la provincia de Zaragoza no es tan vieja como mis líneas familiares que habitaron  en ella. La provincia nació, como el resto, con las reformas liberales del siglo XIX. En concreto, con la división de 1833 (aunque hubo intentos anteriores). Pero podemos trazar un poco la historia de este territorio y preguntarnos ¿Qué tendrá Zaragoza que el que nace aquí no se va?

A no ser que lo echen, claro, como la los pobres moriscos.

En épocas pretéritas lo que hoy es Zaragoza estaba habitado por pueblos prerromanos diversos: Ilergetes, Ilergavones, Sedetanos, Suessetanos… Había de todo, de esos que solemos llamar iberos y celtíberos. Los romanos negociaron y guerrearon con unos y otros, se instalaron por el valle del Ebro y aledaños, fundaron y refundaron ciudades y villas y crearon la primera unidad territorial que llevaría el nombre de la capital augustea: el Conventus Jurídicus Cesaraugustanus, dentro de la provincia Tarraconense. Este territorio era bastante mas grande que lo que hoy es la provincia y llegaba, de norte a sur, desde los Pirineos al Maestrazgo.

[Por cierto, que fue en lo que hoy es la localidad zaragozana de Mara, en Segeda, donde se gestó  la guerra que acabaría con Numancia].

Teniendo en cuenta que mi análisis de ADN me da un alto porcentaje de íbera, me apuesto a que tengo muchos antepasados pululando por este Conventus Jurídicus en esos siglos.

Y en un próximo post seguimos con la Historia.